¿De dónde salen las ideas?
Es una de las preguntas que más me hacen cuando muestro mis ilustraciones. La verdad es que nunca aparecen de golpe. Se van armando con recuerdos, lecturas, juegos, conversaciones y pequeños dibujos que, muchas veces, hacemos sin saber todavía hacia dónde nos llevan.
Todo empezó con tinta china
Cuando empecé a dibujar estas criaturas no tenía un plan demasiado claro, sentía la necesidad de explorar personajes extraños, animales imposibles y pequeños mundos fantásticos. La tinta china siempre me invita a trabajar de esa manera. Tiene algo impredecible que me obliga a soltar el control y dejar que el dibujo también me sorprenda. Muchas de las criaturas que hoy forman parte del proyecto nacieron así: como una búsqueda intuitiva, más cercana al juego que a un trabajo con objetivos definidos.
La imaginación también tiene memoria
Con el tiempo entendí que esos dibujos no aparecían de la nada. Había algo que venía acompañándome desde la infancia. Una de las cosas que más recuerdo de cuando era chica, son las tardes con mi tía. Ella me contaba cuentos, inventábamos personajes y, muchas veces, me hacía completar las historias. No había pensado antes que esos momentos iban a terminar influyendo en mi trabajo como ilustradora. Pero hoy veo con claridad que gran parte de mi manera de crear nació ahí.
¿Y si el dibujo fuera una invitación?
Desde el principio tuve claro que no quería hacer un libro para mirar pasivamente. Quería crear una experiencia. Un espacio donde quienes lo abrieran también pudieran inventar. Por eso Criaturas Mágicas propone preguntas, invita a imaginar personajes, completar historias, dibujar mundos nuevos y descubrir que no existe una única forma correcta de crear. Porque muchas veces la imaginación aparece cuando alguien nos da ese espacio para jugar.
La fantasía no es escapar de la realidad
A veces pensamos que imaginar significa alejarnos del mundo real. Yo creo exactamente lo contrario. La fantasía nos ayuda a comprender aquello que todavía no sabemos explicar. Nos permite hablar de emociones, explorar distintas posibilidades y ponernos en el lugar de otros.
Cuando un niño inventa un personaje, también está hablando de sí mismo. Cuando crea una historia, está organizando su manera de mirar el mundo. Por eso creo que imaginar nunca es perder el tiempo. Es una forma de crear otros mundos posibles.
Un proyecto pensado para crear juntos
Criaturas Mágicas terminó convirtiéndose en mucho más que un libro ilustrado. También incluye un juego de cartas con disparadores para inventar historias, conversar y dibujar. La idea es que pueda disfrutarse en familia, en el aula, en talleres o simplemente en una tarde de juego, tener ganas de hacerse preguntas y dejar que aparezcan las ideas.
Un sueño que necesita de muchas personas
Después de varios años de trabajo, Criaturas Mágicas está cada vez más cerca de convertirse en un libro y un juego impresos. Para hacerlo posible elegimos una campaña de financiamiento colectivo. Me gusta pensar que es una forma coherente de terminar este proceso porque siempre estuvo atravesado por lo colectivo: las personas que jugaron los primeros prototipos, quienes compartieron ideas, quienes hicieron preguntas y quienes confiaron en que este universo merecía existir.
Creo que todos conservamos una parte de esa infancia capaz de inventar criaturas, imaginar mundos y transformar cualquier objeto en una aventura. A veces queda un poco escondida entre las obligaciones y el ritmo cotidiano, pero sigue ahí. Y quizás eso sea lo que más deseo con Criaturas Mágicas: ofrecer una excusa para volver a encontrarnos con esa parte nuestra que todavía sabe jugar.